viernes, 14 de diciembre de 2012

La ruta de la fe. Peregrinación al Santuario de Torrecitas, Santa María del Río, S.L.P.



¿En dónde estamos en este momento? Pregunté a Mariana cuando llevábamos quizá tres horas caminando.
-No sé. Todavía nos falta pasar aquella subida -respondió, señalando a lo lejos.
 Habíamos avanzado bastante, pero sabía que tomaba entre 8 y 10 horas completar el recorrido a un paso moderado. No íbamos ni cerca de la mitad, pero esperaba recibir una respuesta alentadora.
En ese momento me detuve para fotografiar a una procesión  compuesta por hombres y mujeres que caminaban en estricta fila, de los cuales, algunos iban descalzos. Y me puse a pensar en lo difícil que sería el trayecto para aquellos penitentes, pero según supe después, compadecerse de ellos es arruinarles su manda.
Estábamos en el camino hacia Las Torrecitas, a uno de muchos templos en donde se venera a la Virgen de Guadalupe; una vía de fe, oración y ofrecimiento, donde las piernas se cansan de caminar y no responden, donde la desesperación de no llegar a menudo asalta, pero al final, la voluntad de seguir es la que empuja y encamina hasta el altar de la Morenita.


Figura 1. Virgen de Torrecitas. 
Llega el mes de diciembre y cientos, hasta miles, de peregrinos procedentes de diversos municipios de la zona media arriban al Santuario de las Torrecitas para ver a la virgen de Guadalupe. Como es tradición entre los mexicanos, el 12 de este mes se celebra la serie de apariciones de la Virgen a San juan Diego en el cerro del Tepeyac, en la ciudad de México. Sin embargo, el festejo no se reduce a un solo día, sino que abarca las dos o hasta tres primeras semanas de diciembre, tiempo en el cual se realizan peregrinaciones individuales o en grupo hacia cualquiera de los muchísimos templos guadalupanos que hay en el país.
Ubicado en una zona montañosa, en la localidad de San José Albuquerque, del  municipio de Santa María del Río, el santuario de Torrecitas es un caso especial. En este sitio también se apareció la virgen; su imagen se dibujó en una roca hace ya bastante tiempo. No se precisa una fecha exacta, pero es posible que ya tenga más de cien años, así como también es probable que la tradición de ir a verla haya nacido con su aparición.
Para llegar a este templo, el recorrido normal,  que es el que hacen la mayoría de las personas, es llegar en autobús o automóvil hasta la comunidad de Atotonilco, Cd. Fernández, y de ahí seguir a pie por la serranía. La caminata puede tomar entre 8 y 12 horas, dependiendo de la condición física.
En otros casos, las peregrinaciones inician en el lugar de origen de los fieles guadalupanos. Así, hay personas que parten desde las cabeceras municipales de Rioverde, Ciudad Fernández, Cerritos, Villa Juárez y de localidades cercanas a estas demarcaciones. El tiempo que se hacen en llegar es variable, por cuestiones de distancia. Hay personas que caminan muchos días cuando se trata de cumplir una manda o por el simple deseo de ir a conocer a la virgen.  
Aunque hay empresas transportistas que trasladan personas directamente al templo, la gente sabe que no es lo mismo llegar en camión que ir a pie. Para saber realmente lo que es ir a Torrecitas uno debe caminar y sufrir el cansancio que al final se verá recompensado de una u otra forma. Llegar hasta ahí por la vía difícil implica sufrir las inclemencias del tiempo y del terreno, pasar hambre y sed y sobre todo desesperarse porque no se termina el camino y las piernas no dan para más.
Conscientes de esto, las personas inician su travesía solos o en grupo, algunos prefieren caminar de noche y otros a luz del día, algunos aprietan el paso como queriendo ser los primeros en llegar y otros forman filas en las que todos llevan el mismo ritmo y no se permite rebasar a ningún compañero. Unos llevan zapatos cómodos, otros van descalzos. Y aunque la mayoría va caminando, otros viajan en caballos y hasta en bicicletas.
Tarde o temprano todos llegan. Y cuando lo hacen, hay quienes que ya no se sostienen en pie y son apoyados por sus compañeros; otros, voluntariamente, se dirigen rodillas ante la virgen. No hay palabras suficientes para describir la emoción que expresan las personas que han llegado al final del camino.

Figura 2. Llegada a Torrecitas.
Habrá devotos que tan pronto ven a la virgen, se preparan para hacer el mismo recorrido de regreso a sus lugares de origen, dando muestra de una condición física impresionante o de una fuerza de voluntad inquebrantable. Ya caída la noche, puede verse un gran número de lámparas por las veredas que conducen a Torrecitas. Van de regreso los peregrinos que viven relativamente cerca y los que esperan o recibieron un milagro mayor, el cual tratarán de saldar haciendo un doble sacrificio.
El resto de los visitantes permanece un rato en el lugar antes de abordar el autobús que habrá de conducirlos a su hogar. Ha sido una larga jornada, pero ha valido la pena.
  
Figura 3. En la explanada del templo el comercio prospera.

Un camino de oración
En mi primera peregrinación de Torrecitas no fui solo un observador como había planeado. Me volví partícipe del camino de oración cuando el cansancio me hizo titubear, cuando me sentí molesto porque en la lejanía no lograba ver el último cerro que debíamos subir y cuando Mariana, mi compañera, se quedaba atrás al sentir que no daba un paso más. Ella también oró por mí cuando notó mi desesperación.
A lo largo del trayecto, recordé a mis seres queridos que necesitaban algún tipo de ayuda y ofrecí este sacrificio como ofrenda para la solución de sus problemas.

ANEXO

Figura 4. Se han establecido lugares de descanso
a lo largo del camino.
Figura 5. Hermandades. Peregrinos en grupo que marchan
en una fila estricta.
Figuras 6, 7, 8 y 9. Paisajes que ofrece el recorrido. También se puede encontrar
una gran variedad de vegetación.